Dentro de mis huesos sin aire
se agita un pichón esta mañana.
Cada tarde tu nombre me visita
y cada tarde me lleno los bolsillos de esperar
que también tu cuerpo llegue balanceándose
sobre la apresurada falsedad de tu sombra,
como un péndulo sobre mi cuerpo, condenado, desbastado, casi roto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario