Siento los dedos escuálidos, trastabillantes. Hace rato que tengo esta sensación. Quisiera escribir con mayor frecuencia, crear, crear, crear, armar con esos veintisiete simbolos que son el abecedario una coraza de palabras, o un paisaje. Conformar un zoo de frases para mi consumo propio, sin embargo pareciera que mis dedos se niegan. Mis dedos y mis ideas. Andan por ahí, volando, pasando de un punto a otro, efimeras, incipientes e inasibles: escurridizas.
Mi mano es un convento abrasándose en calor, buscando un escape.
Yo intento salir a caminar algunas noches, no sin temor.
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