10.1.07

miércoles diez

Armé con flechas y lanzas mi epitafio
luego encendí una hoguera mansa en el terreno del sueño:
el funeral perfecto para un rey con la lepra en la cabeza.

Ardieron los troncos a la medianoche
como lobos copulando vehementes contra el destino
luego de amortajado el zurco del cuerpo, tañeron los ojos:
campanas o zancudos que iban reviviendo.

Entre las cenizas, una pila de números esperaba
una luz azulada me hizo anclar en medio de la neblina
a tientas llegué, ignoro si a buen puerto.

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