sospeché
una rueca hilando mis demonios
en el patio o en la acera
mientras dormía borracho
cobijado
soñé salamandras reptando mis piernas
dragones pastando en mi costado
relojes rastrillándome la vida
con sus hoces y sus mantas de hielo
abrieron la puerta un centenar de manos
y desperté
con el verdugo insertado en la cabeza
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