
Sobre su cuerpo desnudo el polvo cae, como una lluvia de rocío. Es la primera vez que la veo tal cual es, sin telas que conviertan su piel en una exaltada promesa de aguas claras; la primera vez que podré recorrer sus contornos con mis dedos como quien recorre un camino largamente ansiado, y no quisiera empezar a ejercer mi oficio de caminante sobre su figura inmóvil porque sé también que esta será la última.
En las calles el silencio pasa rasguñando las paredes, enroscándose entre las columnas raidas de las casas como una hiedra, llenando de cuarteaduras los techos y ahuyentando a las termitas y los pocos bichos que aún ambulan por este pueblo olvidado en el que estoy mirando el cuerpo desnudo de una mujer que quizás sea una visión, otorgada por la gracia inmerecida de un dios que desconozco, o esté ya muerta, por mis manos o por las del tiempo, inevitable verdugo.
2 comentarios:
Tan sólo es cuestión de dejar caminar a la muerte chiquita...
Que onda compa. Estoy sacando una revista virtual. Me gustaría que me contactaras por e-mail para explicarte bien qué pedo por si te interesa publicar. Saludos.
Publicar un comentario