13.2.08

7/02 (cosecha del 86)


De pronto me ví saliendo de hacer fila en un supermercado, con una botella de vino en la mano, algunas películas en la mochila, y 22 años sobre los hombros, para repasarlos uno a uno en la sosegada penumbra de mi casa; 22 años mirándome recorrer las calles solitarias que me llevan al convento de la bilis: afuera me quedé, mirando las mesas.
La tarde anterior en las mesas rasgadas de El Recreo miraba rodar las bolas de billar hacia las buchacas hambrientas, aún sin sospecharme el alud de recuerdos que me esperaba a la vuelta del crepúsculo.

1 comentario:

Marietta Dedalus dijo...

Las bolas de billar como los años, yo a veces me preguntaba con trazo y cálculo dónde meterlos, supongo las buchacas lo burlan a uno. Quién sabe.

Saludines.