13.1.16

16 de septiembre, 2015

En mi humilde oinión, todo el circo de repudiar a Peña Nieto, insultarlo, hacerle vacio en los festejos 'patrios', es acaso una oleada de buenas intenciones, pero como dicen por ahí, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.
Habrá quién se vanaglorie del hecho que varias plazas públicas del país estuviesen vacías durante el grito, incluso aplaudirán eufóricos el hecho de que a pesar de los acarreos y la coerción que se dió en algunas dependencias para asistir al zócalo del Distrito Federal, éste se viera menos lleno que de costumbre, como si con ello ya hubiésemos cambiado la realidad nacional.
Es cierto que todo ello demuestra que, pese a todo hay un hartazgo social que descree de las instituciones que día con día ejercen violencia en contra del ciudadano común que sin embargo sigue desorganizado en su encono y en su rabia.
Las plazas que no se llenan ni con acarreados son un mensaje claro de hastío, pero creo debemos preguntarnos qué sigue, y cómo debemos construirlo. Pues aunque el ciudadano medio no cree en las versiones oficiales de los diversos órdenes de gobierno, la verdad es que también sigue despotricando de quienes han tenido el coraje de salir a manifestar su descontento a las calles, respondiendo a la violencia institucionalizada con organización popular, es decir, que aún en ese territorio el estado lleva terreno ganado, pues sus largas campañas de desprestigio al movimiento social han calado profundamente en el ideario popular y con ello sabe bien ha abonado a la fragmentación de la lucha social.
Para no desvariar demasiado, el repudio es seña y muestra de que algo en lo profundo de nuestra condición de pueblo se va despertando, pero como en todo, no hace falta abrir los ojos para mirar la realidad que nos carcome, sino que es necesario echar a andar los pasos y tomar las herramientas necesarias para cambiarla. No debemos perder la claridad de que repudiar a Peña, o quitarlo de su silla es un paso, pero no creamos que ello vaya a cambiar las profundas relaciones de poder e injusticia que permean en el país, porque lo que necesitamos no es otro sujeto que perpetúe una democracia representativa de partidos que hace décadas están demostrando ser inútiles.
Y ya entrados en gastos, libertad a todos los presos políticos del país, justicia para los desplazados de la colonia Emiliano Zapata en Tuxtla Gutiérrez Chiapas, a los afectados or el taponamiento del río Grijalva, y a todos los presos políticos y desaparecidos por su pensar y actuar consecuente en el movimiento social

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